ascensión al Aneto ascensión al Aneto

Subiendo el Aneto el 1 de enero: un chute de alpinismo para dar la bienvenida al año

Subir el Aneto es una gran experiencia. Hacerlo en invierno, pasa a ser tremenda. Si encima lo haces el primer día del año, se convierte en épica.
Subir el pico más alto de los Pirineos -y el segundo más alto de la Península después del Mulhacén– es un must have de todo montañero y amante del trekking en España. Además, hacerlo en invierno añade un plus a la experiencia: el paisaje nevado añade belleza y espectacularidad, y sin duda encontrarás muchísima menos gente que si lo haces en verano, época en la que la ascensión al Aneto se ha convertido en un circo más que en una excursión.

La experiencia puede hacerse aún más especial. ¿Qué me dices acerca de dar la bienvenida al año subiendo al Aneto? Desde hace ya años, es tradición en el refugio de La Renclusa celebrar la nochevieja con una cena especial, para que al día siguiente, quien quiera, pueda empezar el año ascendiendo la mítica cima. Suena como un planazo de los que se recuerdan toda la vida, ¿no crees?

Obviamente la ascensión al Aneto tiene una dificultad elevada, no tanto por ser muy técnica sino por lo dura y larga que es, sobre todo si se sube desde La Renclusa por el Portillón Superior, la ruta clásica y más popular al Aneto. Pero aún en invierno no deja de ser una ascensión dura y larga: hablamos de una ascensión invernal a un pico de más de 3.000 metros, no es ninguna broma y las condiciones pueden ser extremadamente peligrosas si la meteo se complica. Por eso, conviene contratar los servicios de un guía.

En mi caso confié en Josep Esteve, el único que garantizaba la salida en grupo, y a la postre hay que decir que acerté de pleno, porque Josep es realmente un alpinista fantástico que sabe llevar muy bien al grupo, y además coincidimos un grupo de gente joven muy en forma y con muy buena predisposición.

Claves de la ruta

Datos técnicos de la ruta

1.500 metros positivos y negativos de desnivel, distancia de 15 Km, tiempo total de 12 horas.

Cómo llegar

Se llega a Benasque por la carretera N-260, que en Castejón de Sos se convierte en la A-139. En Benasque continúa en dirección a Llanos del Hospital y deja el coche en el parking de la Besurta. Desde el parking, sigue el sendero señalizado de 1,7 Km que te lleva al Refugio de la Renclusa. En verano, desde finales de Junio a mediados de septiembre, esta pista está cerrada al paso de vehículos privados, y hay que tomar un autobús de la compañía Alosa.

Dónde dormir

Lo recomendable es pernoctar en el refugio de la Renclusa para partir al día siguiente bien pronto por la mañana, si bien también es factible dormir en Benasque, donde hay numerosos hoteles, hostales y cámpings.


Claves de la ruta

Datos técnicos de la ruta

1.500 metros positivos y negativos de desnivel, distancia de 15 Km, tiempo total de 12 horas.

Cómo llegar

Se llega a Benasque por la carretera N-260, que en Castejón de Sos se convierte en la A-139. En Benasque continúa en dirección a Llanos del Hospital y deja el coche en el parking de la Besurta. Desde el parking, sigue el sendero señalizado de 1,7 Km que te lleva al Refugio de la Renclusa. En verano, desde finales de Junio a mediados de septiembre, esta pista está cerrada al paso de vehículos privados, y hay que tomar un autobús de la compañía Alosa.

Dónde dormir

Lo recomendable es pernoctar en el refugio de la Renclusa para partir al día siguiente bien pronto por la mañana, si bien también es factible dormir en Benasque, donde hay numerosos hoteles, hostales y cámpings.


De La Renclusa al Collado Coronas

La ruta empieza con un primer día de aproximación desde el parking de la Besurta hasta el refugio de La Renclusa (2.100 m), donde hacemos noche. Celebramos la nochevieja en el refugio y tomando las uvas de forma simbólica a las 21.00; al día siguiente toca madrugar en horario “Aneto” y hay que irse a dormir pronto para empezar bien descansado al día siguiente.

Por más que sea 1 de Enero a las 5 ya estábamos en pie, equipados con nuestros frontales y nuestros crampones para comenzar la ascensión, crampones que ya no nos quitaremos en todo el ascenso por la presencia continua de la nieve.

El primer tramo es precisamente uno de los más duros, con un ascenso largo y de fuerte pendiente hasta el Portillón Superior (2.800 m). La recompensa en el Portillón es poder disfrutar de una primera vista del pico Aneto y del glaciar a sus pies, glaciar que es el que deberemos atravesar a continuación.

Vista del Aneto y su glaciar desde el Portillón Superior
Preciosa primera vista del glaciar del Aneto desde el Portillón Superior.

Tras destrepar el Portillón llegamos al inicio del glaciar del Aneto, el cual no plantea ningún problema si está cubierto de nieve. El problema de este tramo es en verano pues, con el deshielo acelerado que lleva sufriendo el glaciar, el camino queda expuesto por la caída de rocas y por la presencia de hielo antiguo, muy duro y en el que apenas penetran los crampones, obligando a usar una muy buena técnica de progresión.

Es por este motivo que en verano, y sobre todo en años de poca nieve invernal, ya se opta por la ruta del Salterillo, mucho más segura ya que evita esta parte del glaciar. En cualquier caso, en invierno no presenta dificultad técnica y ni siquiera se requiere ir encordado, ya que la nieve reciente permite un paso seguro y controlado, eso sí, con con crampones, piolet y casco.

La larga diagonal a través del glaciar permite alcanzar en algo más de una hora el collado de Coronas (3200 m), punto donde confluye la ruta por la cara sur y que da inicio a la subida con mayor pendiente de toda la ruta: un tramo de apenas 200 metros pero en una cuesta con una pendiente tremenda por la última parte del glaciar.

El mítico Paso de Mahoma

La durísima subida por el collado de Coronas es casi de una hora que puede convertirse en una penitencia con el cansancio acumulado, pero es el último esfuerzo físico de la ruta. En este punto se llega al famoso puente de Mahoma (3400 m), un paso estrecho con grandes bloques de piedra con una enorme caída a ambos lados. Como digo, aquí ya no hay exigencia física pero sí es un tramo donde se requiere habilidad para ir sorteando los bloques, y desde luego no apto para quienes tienen miedo a las alturas.

Atravesando el famoso Paso de Mahoma, antes de la cima del Aneto
El mítico paso de Mahoma, con la cima del Aneto al fondo.

Josep, nuestro guía, era partidario de atravesarlo encordados en grupos de 3, así que tuve que esperar a que mis primeros dos compañeros pasaran antes que yo. Esto me dio la oportunidad de sacar una fotografía del momento justo cuando el cielo se había abierto y dejaba entrever unos fantásticos rayos de sol que apenas suavizaron el intenso frío de un día 1 de Enero a 3.400 metros de altura.

Sobre el paso de Mahoma se han dicho muchas cosas, pero ciertamente es un paso más complicado y con más riesgo de lo que algunos dicen. Josep ayudó a hacer el paso mucho más seguro, y la verdad es que sin él no creo que hubiese podido cruzarlo, entre la fuerte sensación de vértigo y el cansancio que ya hacía mella.

El paso de Mahoma es el último obstáculo antes de la cima, así que al cruzarlo ya solo queda recorrer unos pocos metros hasta llegar a la cima del Aneto (3404 m). Sopla un viento no muy fuerte pero sí muy frío, y aunque luce el sol la sensación térmica es de unos -20ºC, así que no da tiempo a regalarse demasiado, más que para un par de fotos rápidas y para grabar en las retinas el paisaje desde el punto más alto del Pirineo.

Panorámica desde la cima del Aneto
Una panorámica desde el pico del Aneto, el techo de los Pirineos.

Nuestro guía Josep también nos da una noticia increíble: no hay huellas recientes en la cima y todo parece indicar que hemos sido los primeros en coronar el Aneto en el año 2024. Con una sonrisa de satisfacción eterna retomamos el camino de vuelta exactamente por donde hemos venido.

El cansancio acumulado es muy fuerte y la vuelta se hace mucho más dura, y mis rodillas sufren muchísimo en el tramo de bajada desde el Portillón hasta el refugio, ya que con crampones es el doble de duro y difícil descender. Deteniéndome para ir descansando las rodillas, y con la paciencia de mis compañeros, llegamos al refugio a las 16.00, con tiempo para comer, descansar y regresar de vuelta al coche que habíamos dejado en la Besurta.

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